El segundo bloque del debate por la Gobernación de Santa Cruz reunió a cinco de los candidatos con mayor trayectoria y peso político en la región, lo que generó gran expectativa antes incluso de que iniciara la discusión. Por ello, el segmento fue bautizado informalmente como el “grupo de la muerte”, debido a la presencia de figuras conocidas que acumulan años de protagonismo político, confrontaciones públicas y participación en la vida institucional del departamento.
En este bloque participaron los postulantes Branko Marinkovic, Juan Pablo Velasco, Luis Fernando Camacho, Otto Ritter y Guido Nayar. Los cinco cerraron la jornada del primer debate simultáneo organizado por el Tribunal Supremo Electoral de Bolivia (TSE), un evento que buscaba contrastar propuestas y visiones sobre el futuro del departamento.
Aunque el público esperaba un enfrentamiento directo de ideas y modelos de gestión, gran parte del debate terminó mostrando un escenario distinto. Las propuestas presentadas por los candidatos coincidieron en varios temas centrales como salud, autonomía, infraestructura y desarrollo productivo, aunque estas coincidencias se mezclaron con reproches personales, cuestionamientos políticos y recordatorios de episodios del pasado que en varios momentos desviaron la discusión del fondo programático.
La dinámica dejó en evidencia que los postulantes no eran desconocidos entre sí. Por el contrario, cada intervención parecía arrastrar historias políticas previas, disputas antiguas y visiones enfrentadas sobre el liderazgo regional, lo que le dio al bloque un tono intenso y cargado de referencias personales.
Las propuestas de Marinkovic
El candidato Branko Marinkovic fue el encargado de abrir las intervenciones con un discurso centrado principalmente en salud, producción y fortalecimiento de la autonomía departamental. Entre sus propuestas mencionó la construcción de un nuevo hospital oncológico, el fortalecimiento de los hospitales de tercer nivel y la digitalización de las fichas médicas para modernizar el sistema sanitario.
También planteó medidas orientadas a reactivar las provincias, incluyendo proyectos de agua, electricidad y caminos, además de políticas de apoyo al pequeño productor agrícola mediante la titulación individual de tierras.
Otro de los ejes de su propuesta fue el impulso al hub logístico del aeropuerto de Viru Viru, iniciativa que, según explicó, podría convertirse en un motor de generación de empleo y desarrollo sin representar una carga económica para la Gobernación. Su discurso mantuvo un tono enfocado en la gestión y en la defensa de la autonomía, señalando que ha llegado el momento de que el departamento sea “autónomo en serio”.
Sin embargo, las preguntas de sus contrincantes rápidamente llevaron la discusión a un terreno más político. Velasco cuestionó sus posiciones sobre decretos de importaciones y exportaciones; Nayar recordó la gestión de los demócratas en la Gobernación y sus resultados; mientras que Ritter formuló una consulta considerada más cercana o amistosa sobre cómo la Gobernación podría respaldar su trabajo como senador, un momento que reforzó la percepción de que también existían coincidencias y gestos de apoyo entre algunos candidatos.
La apuesta generacional de Velasco
Por su parte, Juan Pablo Velasco intentó posicionar su intervención en torno a la idea de renovación política, tecnología e innovación. Durante su participación habló de la necesidad de impulsar hospitales especializados, fortalecer la atención en salud mental y descentralizar los servicios públicos hacia las provincias.
Uno de los ejes centrales de su propuesta fue la formación tecnológica de los jóvenes, con el objetivo de que las nuevas generaciones pasen de ser simples consumidores digitales a convertirse en creadores de innovación y emprendimientos tecnológicos.
Velasco planteó además una meta ambiciosa: sacar a cientos de miles de personas de la pobreza mediante educación, inversión y desarrollo tecnológico.
Sin embargo, su participación estuvo marcada por fuertes cruces con Camacho y Marinkovic. El gobernador Luis Fernando Camacho lo cuestionó sobre su postura frente a los avasallamientos de tierras y le preguntó si mantenía su desacuerdo con los desalojos.
Velasco respondió rechazando la estigmatización, pero también criticó lo que calificó como “show político” en algunos operativos, en una referencia directa a las intervenciones mediáticas impulsadas por el gobierno departamental.
El intercambio más duro se produjo con Marinkovic, quien lo acusó de promover un plan con rasgos centralistas y cercano a la línea política de Mario Aguilera, vicegobernador que asumió funciones mientras Camacho permanecía detenido.
Velasco replicó cuestionando que Marinkovic debería estar cumpliendo su mandato en el Senado y sugirió que una eventual candidatura a la Gobernación podría ser solo un paso hacia otra aspiración política, en un cruce que evidenció la carga personal que por momentos dominó el debate.
Camacho y la defensa de su gestión
El gobernador Luis Fernando Camacho llegó al debate con un elemento central en su narrativa política reciente: los tres años que pasó en prisión, luego de haber sido detenido a finales de 2022 acusado por el gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS) de promover un supuesto “golpe de Estado”.
Durante su intervención habló de autonomía, federalismo, lucha contra los avasallamientos, educación sin ideologías y proyectos estratégicos para el departamento, entre ellos Puerto Busch, el desarrollo del hub logístico de Viru Viru y el fortalecimiento del sector agroproductivo.
No obstante, cada vez que fue cuestionado por la falta de obras o promesas incumplidas, Camacho volvió al mismo argumento: su gestión se vio interrumpida por los años que permaneció encarcelado.
Ese punto fue utilizado por varios de sus rivales. Ritter le pidió respuestas concretas para las provincias; Nayar recordó promesas como el acceso universal al agua; y Velasco lo cuestionó por la gestión de crisis sanitarias y climáticas, como el brote de chikunguña o las inundaciones.
Camacho respondió combinando defensa política y personal, señalando que la lucha política de 2019 abrió una oportunidad histórica para el país y que su gestión no puede evaluarse sin considerar el contexto de persecución y encarcelamiento que enfrentó.
Ritter y su visión regional
El candidato Otto Ritter se destacó por un estilo más narrativo y enfocado en la realidad de las provincias. En su intervención describió situaciones de abandono en comunidades rurales, mencionando a niños que deben caminar largas distancias para ir a la escuela, mujeres que recorren kilómetros para acceder a servicios de salud y productores que no logran sacar su producción por falta de caminos.
También presentó un conjunto de propuestas de gran escala que incluyen el impulso a la carretera bioceánica, Puerto Busch, el hub de Viru Viru, proyectos energéticos y la explotación de tierras raras en el Cerro Manomó, además de la incorporación de telemedicina e inteligencia artificial en el sistema de salud.
Sus propuestas fueron cuestionadas por varios de sus contrincantes. Nayar le pidió explicar cómo financiaría sus proyectos hospitalarios; Marinkovic lo presionó por la falta de datos concretos sobre las reservas de tierras raras; y Velasco lo criticó por plantear la creación de nuevos impuestos.
Ritter defendió su planteamiento argumentando que impuestos específicos al alcohol, tabaco y coca podrían financiar programas de salud, deporte y rehabilitación social, aunque esta propuesta generó críticas por implicar mayor presión tributaria en un contexto económico complejo.
Nayar y el debate sobre los recursos
Por su parte, Guido Nayar centró gran parte de su intervención en el problema financiero de la Gobernación. Su planteamiento principal fue que el gobierno departamental enfrenta una situación económica crítica y que, sin resolver el tema de los recursos, muchas promesas de campaña corren el riesgo de quedarse solo en discursos.
Nayar propuso aumentar las regalías departamentales, participar en el negocio de los bonos de carbono y exigir una distribución de recursos del 50/50 con el nivel central.
Más que competir por presentar la propuesta más ambiciosa, su estrategia fue insistir en que el debate debía centrarse en cómo financiar la gestión pública, no solo en qué proyectos se prometen.
También defendió una visión histórica más amplia de la autonomía cruceña. Cuando Camacho vinculó el nuevo ciclo político a los acontecimientos de 2019, Nayar respondió que la lucha autonómica se remonta a décadas atrás, con episodios de exilio, persecución e incluso muertes.
Ritter se sumó a esa postura señalando que la causa autonómica es el resultado de un esfuerzo colectivo y no de una sola figura política, lo que dejó ver otra disputa en el debate: la competencia por el relato histórico del liderazgo en Santa Cruz.
Un debate de liderazgo más que de modelos
Al cierre del bloque, el llamado “grupo de la muerte” dejó una conclusión distinta a la expectativa inicial. Si bien el nombre sugería un enfrentamiento duro entre visiones irreconciliables, en realidad el debate mostró más coincidencias que diferencias en temas clave como salud, infraestructura, autonomía y desarrollo productivo.
Sin embargo, esas coincidencias quedaron en muchos momentos opacadas por cruces personales, ironías y rivalidades políticas acumuladas durante años.
Más que un choque de modelos radicalmente opuestos, el debate terminó convirtiéndose en una disputa por liderazgo, credibilidad y autoridad moral dentro del escenario político cruceño, factores que, en plena campaña electoral, también pueden resultar decisivos para el electorado.







