La mayoría de los países que intervinieron este lunes en la reunión de urgencia del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas condenaron la operación militar llevada a cabo por Estados Unidos en Venezuela y la captura del presidente Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores. Durante la sesión, varias delegaciones calificaron la acción como una violación del derecho internacional, mientras que otras optaron por llamados a la moderación, el respeto a la soberanía y una transición pacífica. Argentina fue la única nación que respaldó abiertamente la operación estadounidense.
Pese a las críticas, Washington se mostró firme y aseguró que la intervención no constituyó un acto de guerra, sino una acción “necesaria y legítima”. El embajador de Estados Unidos ante la ONU, Mike Waltz, rechazó que su país esté en guerra con Venezuela o con su población. “No hay ninguna guerra contra Venezuela ni contra su pueblo. No estamos ocupando ningún país”, afirmó, al tiempo de reiterar que Nicolás Maduro es “un narcotraficante acusado” y “un presidente ilegítimo”.
Minutos antes, al inicio de la sesión, el secretario general de la ONU, António Guterres, había advertido sobre el riesgo de una mayor inestabilidad interna en Venezuela y el posible impacto regional de los acontecimientos, exhortando a las partes a apostar por un “diálogo inclusivo y democrático” que permita reducir las tensiones.
En el momento en que se leía su intervención, a cargo de la subsecretaria general para Asuntos Políticos, Rosemary A. DiCarlo, Maduro y Flores se preparaban para comparecer por primera vez ante un tribunal federal de Estados Unidos en Nueva York. Allí se declararon no culpables de cargos por narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína y delitos relacionados con armas, tras haber sido capturados en Caracas.
Desde su detención, Maduro insistió en que sigue siendo el presidente legítimo de Venezuela y se autodefinió como un “prisionero de guerra”. En paralelo, el embajador venezolano ante la ONU, Samuel Moncada, denunció ante el Consejo una “violación flagrante” del derecho internacional por parte de Estados Unidos y exigió el respeto a la inmunidad del mandatario, así como su liberación y retorno al país.
Durante su discurso, Guterres también recordó que el derecho internacional “prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad territorial de los Estados” e hizo un llamado a reducir la escalada retórica. No obstante, tras su intervención se sucedieron posiciones más duras, entre ellas la de Rusia, que lideró las críticas más contundentes contra Washington.
El embajador ruso ante la ONU, Vasili Nebenzia, calificó la operación estadounidense como “criminal”, exigió la liberación inmediata de Maduro y Flores y acusó a Estados Unidos de buscar el control de los recursos naturales venezolanos. Además, denunció los “fines hegemónicos” de Washington en la región y sostuvo que aplica de manera “selectiva” el denominado “orden mundial basado en reglas”, lo que, según advirtió, está generando consecuencias negativas para la estabilidad internacional.
Colombia también expresó una condena enérgica. Su representante, Leonor Zalabata, alertó que la acción militar ordenada por el expresidente Donald Trump “sienta un precedente profundamente preocupante para el orden internacional establecido tras la Segunda Guerra Mundial”, aunque subrayó la necesidad de “abrir caminos de democracia en Venezuela”.
China coincidió en su rechazo y sostuvo que Estados Unidos “pisoteó” la soberanía venezolana, además de exigir la liberación de Maduro y su esposa y el respeto irrestricto a la Carta de las Naciones Unidas. La sesión concluyó sin acuerdos ni acciones concretas.
Otros países, incluidos varios europeos y latinoamericanos, adoptaron un tono más diplomático. Si bien cuestionaron la operación, centraron sus intervenciones en llamados a la moderación, el diálogo y la protección de la población civil.
El representante del Reino Unido, James Kariuki, afirmó que su país aspira a una “transición segura y pacífica hacia un gobierno legítimo”, remarcando que el respeto al derecho internacional es la base del orden global. Francia, por su parte, advirtió que la operación estadounidense “afecta negativamente a la paz y la seguridad internacional” y pidió una transición “pacífica y democrática” que devuelva la soberanía al pueblo venezolano.
Argentina, representada por Francisco Tropepi, se desmarcó del resto al respaldar abiertamente la intervención de Estados Unidos. El diplomático calificó a Maduro de “dictador” y sostuvo que su régimen representa una amenaza directa para la región. Además, defendió la captura del presidente venezolano como “una medida para proteger la seguridad y estabilidad regional” y valoró la determinación mostrada por Washington.
En contraste, Cuba calificó la detención de Maduro como un “acto inaceptable y bárbaro”. Su representante, Ernesto Soberón, denunció que Estados Unidos busca imponer un “Gobierno títere” con el objetivo de controlar los recursos naturales de Venezuela.
España también expresó su preocupación. El representante Héctor Gómez Hernández consideró que la intervención estadounidense constituye “un precedente muy preocupante” y recordó que los recursos naturales del país caribeño forman parte de su soberanía. En la misma línea, pidió una transición pacífica y democrática, alineándose con el llamado de Guterres a un diálogo inclusivo.
Finalmente, México reiteró su condena a la acción militar del pasado 3 de enero, señalando que se trata de una violación del artículo segundo de la Carta de las Naciones Unidas, que prohíbe el uso de la fuerza contra la soberanía y la integridad territorial de los Estados.







