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FILAS POR GLP SE SUMAN A LA ESCASEZ DE COMBUSTIBLES Y AGRAVAN LA CRISIS EN SANTA CRUZ Y OTRAS REGIONES

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Las largas filas para abastecerse de combustibles en Bolivia ya no se concentran únicamente en el diésel y la gasolina. En las últimas horas, en la ciudad de Santa Cruz también comenzaron a registrarse filas de ciudadanos que buscan adquirir Gas Licuado de Petróleo (GLP) en garrafa, situación que incrementa la preocupación de la población y evidencia que la crisis de abastecimiento alcanza a otro combustible de uso esencial en los hogares.

Mientras transportistas y vecinos continúan denunciando dificultades para conseguir gasolina y diésel, ahora también los usuarios que dependen del GLP enfrentan demoras y problemas para acceder al producto. La situación se desarrolla en un contexto marcado por persistentes filas en estaciones de servicio de distintas regiones del país, donde miles de conductores deben esperar durante varios días para poder abastecer sus vehículos.

En La Paz, los choferes aseguraron que permanecen en las filas durante jornadas enteras e incluso varios días antes de conseguir combustible. En Cochabamba, por su parte, transportistas reportaron que la espera para cargar diésel puede extenderse hasta cuatro días, mientras que el abastecimiento de gasolina continúa siendo irregular e intermitente.

A este panorama se suma ahora la creciente demanda de GLP en Santa Cruz. Vecinos denunciaron que los camiones distribuidores ya no llegan con la frecuencia habitual a los distintos barrios y que numerosas tiendas de barrio permanecen sin existencias del producto, obligando a decenas de familias a trasladarse directamente hasta los centros oficiales de distribución para adquirir una garrafa.

Frente a esta situación, Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) explicó que el incremento de las filas para comprar GLP responde principalmente al aumento de la demanda provocado por la temporada invernal, periodo en el que el consumo de este combustible suele incrementarse considerablemente. A ello se suma la paralización del servicio de engarrafado por parte de la empresa Pailón Gas, circunstancia que obligó a la estatal petrolera a asumir directamente la distribución del producto para intentar garantizar el abastecimiento.

En relación con la escasez de gasolina y diésel, el ministro de Obras Públicas, Mauricio Zamora, atribuyó parte del problema a la existencia de organizaciones dedicadas al desvío ilegal de combustibles. Durante una conferencia de prensa realizada este lunes, la autoridad sostuvo que el bajo precio de los carburantes en Bolivia genera incentivos para el contrabando hacia otros países.

«No se olviden de que en otros países nuestro combustible es barato, entonces hay gente que se está llevando el combustible. Entonces, no solo es un tema de YPFB, es un tema de que hay mafias, hay personas que están haciendo negocio y el combustible no está llegando donde tiene que llegar», afirmó el ministro, al señalar que estas actividades ilegales agravan la crisis de abastecimiento que enfrenta el país.

La falta de combustibles también comienza a generar importantes efectos sobre distintos sectores productivos. El alcalde del municipio cruceño de Fernández Alonso, Eliezer Arellano, expresó su preocupación y pidió al Gobierno central adoptar medidas urgentes, advirtiendo que la escasez coincide con el inicio de la cosecha de caña de azúcar y las labores de siembra de invierno de soya y otros cultivos de rotación, actividades fundamentales para la economía agrícola de la región.

Las dificultades también afectan al sector cacaotero del trópico de Cochabamba. María Chura, representante de los productores, explicó que la insuficiente provisión de combustibles está perjudicando tanto las labores agronómicas como la recolección del cacao, situación que ya repercute en el cumplimiento de compromisos comerciales con mercados internacionales como Holanda, Italia y Chile.

El transporte de pasajeros tampoco escapa a las consecuencias de la crisis. En la Terminal de Buses de La Paz, operadores informaron que numerosas unidades permanecen durante largas horas haciendo fila para conseguir diésel, lo que redujo la frecuencia de salidas hacia distintos destinos del país.

Ante esta situación, algunos transportistas indicaron que se han visto obligados a comprar diésel en el mercado informal a precios considerablemente superiores al establecido oficialmente con el objetivo de mantener operativas sus unidades y cumplir con los viajes programados.

«Estamos comprando diésel de otros lados, un poco más caro, para garantizar las salidas. Esto está incidiendo en los precios. A veces compramos el litro entre 15 y 18 bolivianos», manifestó uno de los choferes consultados.